HISTORIA DE UNA PROSTITUTA…Y OTRAS HISTORIAS
Creo
que, no estoy tan equivocado en pensar que la mayoría de los predicadores de
manera compulsiva (y de esto me hago cargo) siempre aplicamos este pasaje del
libro de San Lucas capitulo 15 versículos 1 al 7 que habla de la parábola de la
oveja perdida, a quien se alejo de la iglesia y que el pastor debe ir a
visitarlo a manera de reinsertarlo en la congregación. En realidad esto es cierto
en gran parte y hace énfasis en el ministerio pastoral, pastorear y apacentar, en
todo esto estamos de acuerdo, pero si nuestra visión del pasaje fuese aun más
amplia, no tan unidireccional, sino antes bien una visión orbital, para mirar
un tanto más allá de lo que acostumbramos a ver con ojos naturales sobre un
relato literal.
Jesús,
viene a por todo, sin rodeos, sin insinuación sobre un mensaje contundente que
rompe protocolos y tradiciones, el amor de Dios como único argumento de
alcanzar al perdido. Con palabra sencillas, acciones cotidianas de
connotaciones trascendentes para una persona…que está en peligro, allí empieza
la historia de un mensaje a la humanidad y pone en aprietos a los oyentes...” ¿Quién
de ustedes?….”
En
el relato bíblico, les habla a publicanos, a pecadores a fariseos, a escribas,
hoy te habla a vos, a mí…a la iglesia. Un mensaje que sale
a buscar a la pérdida hasta encontrarla. Porque tarde o temprano el mensaje de
redención, deberá confrontar la verdad
con el destino de muerte de muchos que
aun siguen su propio camino. El peligro es real, aunque cambie de escenario y
personajes, cada ámbito normalizado a nuestra rutina tiene la misma esencia de
muerte, sea física o espiritual. Nos hemos vuelto funcionales a una sentencia
de muerte (Romanos 6.23)
Me
gusta contar historias que aporten un aspecto cotidiano, y si de alguna manera
lo que le paso a él, a ella, a vos, a mí, son el testimonio de una intervención
divina a través del evangelio a favor de nuestra vida, enhorabuena. La primera
historia está contada por un pastor que tiene su iglesia en Cleveland,
Ohio, al cual Dios le da
una carga en su corazón, una misión específica, el de realizar una actividad al
aire libre. Solo una tarima en una pequeña plaza de la ciudad. La iglesia oraba
por esto y bueno…allí estaba el pastor, un sábado por la tarde de invierno. El
pronóstico anunciaba que la temperatura bajaría aun más. Junto con algunos
colaboradores, dos o tres nada mas, comenzaron a dar indicios de una actividad
evangelistica. El pastor luchaba en su mente pensando si no fue apresurado tal
vez hacer esto en estas condiciones. El mensaje se hacia oír, un amplificador invitaba a los transeúntes acercarse al
lugar. Pero nadie venia, solo desde algún local de comestibles miraban desde
una ventana uno que otro. Una mujer joven en una esquina se resguardaba de la
ventisca polar ya que no estaba muy abrigada, una prostituta que ofrecía sus
servicios. Al parecer frecuentaba siempre el mismo lugar buscando a sus
ocasionales clientes. Los automóviles cruzaban por allí sin detenerse. Un móvil
policial del cual bajaba un agente cada tanto a recorrer la acera y luego
resguardarse del frio. Algunos otros haciendo compras por aquí y por allá. Era hora de terminar la actividad ya que además del frio,
comenzó a nevar bastante. El pastor, cerró sus ojos para hacer una oración invitando
a quien pudiese aceptar el evangelio de
salvación y reconocer cuanto necesitan de Dios. Cuando abrió sus ojos, ella
estaba frente a él, llorando, frente a la pequeña plataforma, sus cabellos, su
ropa comenzaba a cubrirse de nieve. Ella escucho todo el tiempo desde su lugar,
estaba perdida, esclavizada por el pecado. Herida en su corazón, no tenia
oportunidad, tal vez ella jamás pisaría una iglesia, pero el evangelio del amor
de Dios salió a su encuentro, una sola persona fue hallada, una oveja perdida…
¿valió la pena?...claro que sí.
Las
siguientes historias me involucran con los personajes de manera directa,
espontanea.
En
mi tiempo de actividad laboral conocí a Eduardo, un joven que estaba en el
plantel a mi cargo, yo era su líder en una empresa contratista. En una ocasión
lo encontré en un pasillo solitario y me acerque a preguntarle si estaba bien.
El estaba llorando, su estado emocional era crítico. Se limpiaba las lágrimas
con su mano y en la ropa, estaba transcurriendo un litigio legal con su ex
pareja. Había perdido la tenencia de su hijo y esto era irreversible, estaba
quebrado, no sabía qué hacer. Puse mi mano en su hombro y le pedí que me dejara
hacer una oración por él, fue algo sencillo, solo fueron unas pocas palabras
que le hablaban del amor de Dios. No sé cómo fue, no fui yo, fue el evangelio
de Jesús que lo encontró esa mañana, perdido, al borde de un acantilado, sin
fuerzas, herido y sin consuelo. Fue el pastor de las almas que lo levanto en
sus hombros y lo llevo al redil. Paso el tiempo y nos encontramos en la calle,
me reconoció, estaba cambiado, era otra persona…estaba asistiendo a una
iglesia, lo estaban pastoreando y apacentando Eduardo fue encontrado para
salvación.
En
otra ocasión, en el tiempo en que trabajaba en otro lugar junto a mi padre, en
el tiempo del almuerzo en un breve descanso, nos recostamos en un lugar
parecido a un gran jardín, lugar junto a la obra de una compañía contratista. Allí
se acercó un joven, un compañero de trabajo, El empezó a contarle su historia a
mi padre y yo escuchaba. Le contaba algo muy confidencial, algo que seguramente
no lo compartía con nadie tal vez.
“Una
noche, yo venía con mi novia de visitar unos amigos, cruzamos un lugar
descampado y solitario con poco alumbrado público. Nos atacaron, me golpearon,
nos robaron. Me ataron con alambre a un árbol y a mi novia la violaron por
turnos. No pude hacer nada para salvarla, con el tiempo nos separamos, ella
nunca pudo superarlo…yo tampoco… ¿Dónde estaba Dios para ayudarme? ¿Por qué a
nosotros? ¿Por qué a mí?”
Hubo
un silencio…por respeto quizás a un corazón herido que ha caído por un barranco
y aun sobrevive tan solo para seguir preguntando ¿Por qué?
Mi
padre tenía una gracia del cielo cuando hablaba con las personas, el era pastor
en nuestra iglesia , y el solo le hablo del amor de Dios que salió al encuentro
de una oveja lastimada llena de incertidumbre, errante en la vida, sin
esperanza. Luego reiniciamos las tareas y cada cual se fue a su lugar. Ese
muchacho había cambiado su mirada, seco sus lágrimas y se dieron un abrazo. Mi
padre era feliz cada vez que hacia esto, lo disfrutaba, yo lo conocía bien, era
una inyección en su espíritu, tendrían que haberlo conocido, siempre andaba con
una oveja en sus hombros.
¿Quién
de ustedes…? Preguntaba Jesús…Esta dispuesto a entender que las ovejas que
están en el redil, ya están seguras? Que aquellos que están perdidos lejos de
Dios, no tienen manera de ser alcanzados sin un mensaje redentor? Gozo en la
tierra, gozo en el cielo, el rostro del que encontró la oveja perdida tiene
rasgos de obediencia. El evangelio llegara bajo la nieve, en la indiferencia de
muchos y la atención de uno, llegara en un contexto social de hombres y mujeres
cautivos de sus malas decisiones o de injustas malas experiencias de vida. Me
paso a mí, le paso a él, le ocurrió a ella. Nos sucede, como un tiempo cíclico
que termina por devastar nuestra vida, nadie lo sabe, el silencio grita
desesperadamente por alguien que pueda oírnos. En esta noche en este instante
este mensaje nuevamente va a seguir haciendo su trabajo… ¿Quién de ustedes…?
Fragmento
del mensaje dado por el pastor David Fernández en la iglesia EL BUEN PASTOR- En
la ciudad de La Plata- Buenos Aires- Argentina

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