Domingo
Triste
Diciembre 22 de 2016. En
algún lugar de El Paso, Texas
Amanece…
y todavía sigue el mismo tema musical, Gloomy
Sunday en la mítica voz de Billie
Holiday que me tiene cautivo en un preludio premeditado por el destino y yo
sin saberlo. Anoche llovió después de tanto tiempo y la ventana sigue un tanto
abierta, por eso la cortina se menea pesadamente porque se ha mojado un poco.
Involuntariamente trato de entender la
melancólica letra de esta canción y encuentro un secreto escondido en
sí misma, que no es su letra, es esta
mujer negra que ondula tan seductoramente su voz que me fascina hasta la medula
y no me aburre. La silueta de Helen, se
pasea por mi lado luego de una ducha, se sienta en el borde de la cama, enfundada en mi camisa preferida
ella esta desnuda. Sonríe marcando los
hoyuelos de su mejilla. Tengo un gusto preferencial por esta característica
facial en una mujer; pero estoy aprendiendo
a renunciar a ella poco a poco y no sé cómo fue, pero también aprendí a
dejar de amarla y me pregunto si uno se puede “desaprender” tan fácilmente de
un sentimiento o es una invención mía. Lo cierto es que en verdad ya no la amo,
aunque ella piensa que si. Se irá en algunos minutos y quizás yo recuerde su
cuerpo el resto del día; o la olvide cuando se vaya… (Bostezo) Y se fue sin más, y no es la primera vez que caigo en esta
estúpida costumbre de contar mentalmente el sonido de sus pasos luego de que
ella cierra la puerta. Siete…si… siete pasos para ser más exacto y el ascensor
que se activa y me hace imaginar el sincronizado sistema. “Adiós Helen”, es un
dialogo interno pronunciando su nombre, como un secreto que mi voz clonada me
susurra al oído y ella…se fue sin
despedirse, no volteó a mirarme.
─
¡Hey Sam! ─ Me sacudió el hombro ─ ¿Samuel?, ¿qué sucede?...te has quedado
mirándome sin pestañear. Sus ojos no tenían rímel y su media sonrisa
me despabiló. Helen, seguía allí sentada en el borde de la cama. Inclina la
cabeza y me mira mientras se seca el pelo con una toalla y yo la había
imaginado en su partida. Ella
esta cruzada de piernas y las mueve en un vaivén involuntario al punto de
parecer que obedece a una melodía en su mente. En el tobillo luce una cadenita
que le da un toque sensual. El talón no
toca el suelo, sus dedos sí.
─ ¿Por qué miras tanto mis pies?
─ No lo sé, me gustan tus pies, solo los miro y ya…─ Levantó mi mentón delicadamente con uno de
sus dedos, clavando sus ojos celestes en los míos, cambiando su semblante.
─ Eres extraño ¿lo sabías? Te agrada esa mujer que al sonreír marca los
hoyuelos en sus pómulos y que además no se dé cuenta que exhibe sus pies solo
para ti… soy alguien que está de paso en tu vida. Esto lo habíamos hablado
Samuel, me conociste con una historia y nada va a cambiar. Y ya deja de
fastidiarme con eso de que tengo la mirada de una mujer embarazada. ¿Eres adivino o qué? No estoy
embarazada, puedes apostarlo. Se tomó una pausa para hurgar en la cartera y
sacar un pequeño espejo. Pintó sus labios con rouge rosa pastel y luego los
presionó para el toque final, una innata habilidad en toda mujer.
Se quitó la camisa que llevaba puesta y ahora se pone la ropa intima.
Cerró la cartera sin mirarme como si yo fuese invisible y luego de pie se
esfuerza por colocarse uno de los zapatos. Acercó su boca al punto de quedar a un centímetro de la mía
y pensé que me besaría pero no, ella solo hizo un gesto cómico con una mueca
facial.
─ Además mí querido Samuel…estas con un
pie en el altar, vamos, no me digas que no vives pensando en esto. No tendría que haberlo mencionado, eso me puso
triste, porque era verdad. Helen es mi pérfido secreto. Su mano acaricia mis
cabellos hasta que se vuelve una fantasía y mi mente ya no puede reconocer la realidad y me confundo con su
figura que se disipa definitivamente en el entorno de mi habitación. Entonces
es que vuelvo a cerrar los ojos fuertemente para dejar de imaginarla, como
cuando salió del departamento hace ya un tiempo atrás. No estoy seguro cuanto
hace de esto, solo sé que un día se marchó sin voltear a mirarme; dejando en la
parte alta de un mueble un sobre de papel color madera y diciendo que no lo abriera
por ahora y que el día que lo haga solo sea porque hay circunstancias extrañas ¿Por qué dijo esto? Me pregunté en ese
momento. No supe nada de cómo siguió su historia en todos estos meses,
desapareció así como había llegado.
Helen se disipó en el aire, tan viciado de ella misma haciéndose
borrosa. Pero vuelve cada vez que Gloomy
Sunday le rinde tributo. Describo
esta intima relación como una extraña mariposa ciega que ningún coleccionista
posee y es por lo elemental de esto mismo, nadie la vio aun ya que esta dentro
mío. Está atrapada en mi interior, en mi pecho para ser más exacto y sospecho que el inquieto insecto encontrara
un buen día una vieja herida por donde escabullirse y entonces saldrá a la
libertad y morirá…creo que yo también. Por momentos la realidad me persigue con
una animosidad tan cruel como progresiva, y me toma con un garfio de la nariz
tan solo para jugar conmigo. Entonces es que el teléfono suena y corta mi obsesivo pensamiento, a esto me
refería.
─Hola ¿Samuel Weaver?
─Si… ¿Quién habla?
─…Eehhh…un viejo amigo de Helen Prince─
Silencio prolongado, demasiado espacio para la próxima frase. Me reincorporé en
el borde de la cama, ya que esto me llamó la atención.
─ Soy Teddy Maers, alguna vez nos cruzamos
hace mas de un año, creo que en un Congreso sobre historia en la ciudad de
Juárez, en México. Me firmaste uno de tus libros ─ Esa voz raspada era tan particular y lo recordé afirmando con el movimiento de mi
cabeza como si esto fuese necesario. Claro que si ahora lo recuerdo bien fui
como orador de aquel evento. El siguió hablando.
─ Conocí una parte de la relación que
tenían ambos como una confidencia de Helen, pero descuida, no es de eso de lo
que quería hablarte ─ El relato da un
giro inesperado.
─
Es que supuse que no sabías que… apareció muerta en su casa, fue
asesinada. Perdona que sea breve…la policía a retenido el cuerpo algunos días
para investigar el caso; pero ya se lo han dado a la familia. Entonces mañana
será su sepultura en una ceremonia privada solo para unos pocos y tal vez
quisieras agregarte al grupo de amigos que la despedirán, solo di que eres un
amigo de la preparatoria. Aunque no lo creas a ella la rodeaba un entorno
muy religioso. Su esposo no quisiera
enterarse de nada nuevo ¿me oíste bien? Cuídate.
─ Descuida…gracias por avisar.
Por
un momento pensé en algunas cosas que dijo este chico, y el solo hecho de
considerar que sus más íntimos desconocían una parte oscura de su vida privada
era un tema; tal vez lo sepan algún día pero no por mí. En lo que respecta a
esta mala noticia, me había desconectado por completo de todo lo que había
sucedido últimamente, nada de periódicos ni televisión, por eso estaba
desinformado. Esta mañana la había proyectado sin querer como una tregua a mí
mismo, ya que hace un tiempo estoy sin empleo y mis ahorros se han esfumado.
Pero seguramente las cosas cambiaran, ya que en unos días entraré a trabajar en
una compañía importante, pero esto no quita que hoy para mí, sea un domingo
triste. Un trago no viene mal en estos casos. En la ciudad, la gente tiene una
visión acelerada de la vida y yo estoy analizando el porqué de muchas cosas....
quisiera borrarla de mi mente pero como un estigma me queda esta impronta
¿Quién lo hizo? ¿Por qué?...
Al día siguiente cuando llegué al
Evergreen Cementery, la despedida de sus restos estaba en las últimas
instancias, porque ya la habían sepultado y pensé “No fue una buena idea que haya venido”. Hacia frio y el pastor de
la iglesia a la que ella asistía; daba
las últimas palabras. Fue otro momento de un brotar de lágrimas que siguieron
en mi narrativa visual y noté que muchos
daban sus condolencias a un sujeto, tal vez era su esposo. Lloraba sin consuelo
el pobre infeliz. Hace tiempo que no veía a un hombre quebrarse de esa manera,
lo tuvieron que ayudar a levantarse porque estaba de rodillas, estrujando el
césped. Sinceramente me conmovió y por eso, cruzado de brazos miré hacia los
alrededores buscando escabullirme de la escena, luego volví a mirarlo, no me
sentí bien pero lo expresé en una mueca facial de un pesar leve quitándome el
anteojo de vidrios oscuros para limpiarlo, algo que no era necesario. Yo estaba
en una distancia prudencial, creo que no me veían, por eso cuando esto parecía
un acercamiento aun más familiar decidí marcharme sin que se notara mi
presencia. Mi regreso al pórtico de la entrada principal del cementerio fue tan
torpe que equivoqué el rumbo. Fue entonces que llegue a un sitio un tanto más
alejado, en medio de un laberinto de epitafios y tumbas algo me detuvo…una voz estridente…“¡Hey!…”
Cuando
giré a un lado, pude ver que era el cuidador del cementerio. Un hombre canoso,
de barba incipiente. Lleva un tipo de ropa de trabajo muy envejecida y en su
pecho una identificación “Karl Fischer, jardinero”. Sus ojos no se definen bien desde donde yo
estoy. Su mano sujeta una escoba de esas que se usan para juntar las hojas de
los arboles.
─ ¿Qué estas haciendo aquí?─Me preguntó
sin alzar la voz pero con autoridad. Lo mire extrañado, era muy obvio decirle
que vine al entierro de alguien.
─ ¿Por qué lo dice? Solo estoy
dirigiéndome a la salida.
El hombre no pestañeó en ningún momento,
luego giró la cabeza y con su mentón hizo un movimiento rápido de abajo hacia
arriba señalando un lugar.
─
Por allí… entierran a los que han muerto. El sitio en donde estas parado
es para los que van a morir…De hecho esa lapida a la izquierda lleva tu nombre
y espera una fecha.
Era verdad mi nombre estaba
tallado en el granito. Dos segundos para
leer y el sujeto ya no estaba; había desaparecido se lo había tragado la
tierra, literal.
Capitulo 2 libro ETERNO AMANECER
Autor: David Fernandez-Amazon








