domingo, 11 de enero de 2026

GLOOMY SUNDAY


Domingo Triste

Diciembre 22 de 2016. En algún lugar de El Paso, Texas                                                                                                                        

Amanece… y todavía sigue el mismo tema musical, Gloomy Sunday en la mítica voz de Billie Holiday que me tiene cautivo en un preludio premeditado por el destino y yo sin saberlo. Anoche llovió después de tanto tiempo y la ventana sigue un tanto abierta, por eso la cortina se menea pesadamente porque se ha mojado un poco. Involuntariamente trato de entender la  melancólica letra de esta canción y encuentro un secreto escondido en sí  misma, que no es su letra, es esta mujer negra que ondula tan seductoramente su voz que me fascina hasta la medula y no me aburre.  La silueta de Helen, se pasea por mi lado luego de una ducha, se sienta en el borde  de la cama, enfundada en mi camisa preferida ella esta desnuda.  Sonríe marcando los hoyuelos de su mejilla. Tengo un gusto preferencial por esta característica facial en una mujer; pero estoy aprendiendo  a renunciar a ella poco a poco y no sé cómo fue, pero también aprendí a dejar de amarla y me pregunto si uno se puede “desaprender” tan fácilmente de un sentimiento o es una invención mía. Lo cierto es que en verdad ya no la amo, aunque ella piensa que si. Se irá en algunos minutos y quizás yo recuerde su cuerpo el resto del día; o la olvide cuando se vaya… (Bostezo) Y se fue sin más, y no es la primera vez que caigo en esta estúpida costumbre de contar mentalmente el sonido de sus pasos luego de que ella cierra la puerta. Siete…si… siete pasos para ser más exacto y el ascensor que se activa y me hace imaginar el sincronizado sistema. “Adiós Helen”, es un dialogo interno pronunciando su nombre, como un secreto que mi voz clonada me susurra al oído y ella…se fue sin  despedirse,  no volteó a mirarme.

─ ¡Hey Sam! ─ Me sacudió el hombro ─ ¿Samuel?, ¿qué sucede?...te has quedado mirándome sin pestañear.                                                                                   Sus ojos no tenían rímel y su media sonrisa me despabiló. Helen, seguía allí sentada en el borde de la cama. Inclina la cabeza y me mira mientras se seca el pelo con una toalla y yo la había imaginado en su partida.                                           Ella esta cruzada de piernas y las mueve en un vaivén involuntario al punto de parecer que obedece a una melodía en su mente. En el tobillo luce una cadenita que  le da un toque sensual. El talón no toca el suelo, sus dedos sí.
       ─ ¿Por qué miras tanto mis pies?

           ─ No lo sé,  me gustan tus pies, solo los miro y ya…─  Levantó mi mentón delicadamente con uno de sus dedos, clavando sus ojos celestes en los míos, cambiando su semblante.

       ─ Eres extraño ¿lo sabías?  Te agrada esa mujer que al sonreír marca los hoyuelos en sus pómulos y que además no se dé cuenta que exhibe sus pies solo para ti… soy alguien que está de paso en tu vida. Esto lo habíamos hablado Samuel, me conociste con una historia y nada va a cambiar. Y ya deja de fastidiarme con eso de que tengo la mirada de una mujer embarazada.                                                                                                               ¿Eres adivino o qué? No estoy embarazada, puedes apostarlo.                                            Se tomó una pausa para hurgar en la cartera y sacar un pequeño espejo. Pintó sus labios con rouge rosa pastel y luego los presionó para el toque final, una innata habilidad en toda  mujer.  Se quitó la camisa que llevaba puesta y ahora se pone la ropa intima. Cerró la cartera sin mirarme como si yo fuese invisible y luego de pie se esfuerza por colocarse uno de los zapatos. Acercó su boca  al punto de quedar a un centímetro de la mía y pensé que me besaría pero no, ella solo hizo un gesto cómico con una mueca facial.

        ─ Además mí querido Samuel…estas con un pie en el altar, vamos, no me digas que no vives pensando en esto.                                                                                                             No tendría que haberlo mencionado, eso me puso triste, porque era verdad. Helen es mi pérfido secreto. Su mano acaricia mis cabellos hasta que se vuelve una fantasía y mi mente ya no puede  reconocer la realidad y me confundo con su figura que se disipa definitivamente en el entorno de mi habitación. Entonces es que vuelvo a cerrar los ojos fuertemente para dejar de imaginarla, como cuando salió del departamento hace ya un tiempo atrás. No estoy seguro cuanto hace de esto, solo sé que un día se marchó sin voltear a mirarme; dejando en la parte alta de un mueble un sobre de papel color madera y diciendo que no lo abriera por ahora y que el día que lo haga solo sea porque hay circunstancias extrañas ¿Por qué dijo esto? Me pregunté en ese momento. No supe nada de cómo siguió su historia en todos estos meses, desapareció así como había llegado.  Helen se disipó en el aire, tan viciado de ella misma haciéndose borrosa. Pero vuelve cada vez que Gloomy Sunday  le rinde tributo. Describo esta intima relación como una extraña mariposa ciega que ningún coleccionista posee y es por lo elemental de esto mismo, nadie la vio aun ya que esta dentro mío. Está atrapada en mi interior, en mi pecho para ser más exacto  y sospecho que el inquieto insecto encontrara un buen día una vieja herida por donde escabullirse y entonces saldrá a la libertad y morirá…creo que yo también. Por momentos la realidad me persigue con una animosidad tan cruel como progresiva, y me toma con un garfio de la nariz tan solo para jugar conmigo. Entonces es que el teléfono suena  y corta mi obsesivo pensamiento, a esto me refería.

       ─Hola ¿Samuel Weaver?

           ─Si… ¿Quién habla?

       ─…Eehhh…un viejo amigo de Helen Prince─ Silencio prolongado, demasiado espacio para la próxima frase. Me reincorporé en el borde de la cama, ya que esto me llamó la atención.

      ─ Soy Teddy Maers, alguna vez nos cruzamos hace mas de un año, creo que en un Congreso sobre historia en la ciudad de Juárez, en México. Me firmaste uno de tus libros ─ Esa voz  raspada era tan particular y  lo recordé afirmando con el movimiento de mi cabeza como si esto fuese necesario. Claro que si ahora lo recuerdo bien fui como orador de aquel evento. El siguió hablando.

       ─ Conocí una parte de la relación que tenían ambos como una confidencia de Helen, pero descuida, no es de eso de lo que quería hablarte  ─ El relato da un giro inesperado.

        ─  Es que supuse que no sabías que… apareció muerta en su casa, fue asesinada. Perdona que sea breve…la policía a retenido el cuerpo algunos días para investigar el caso; pero ya se lo han dado a la familia. Entonces mañana será su sepultura en una ceremonia privada solo para unos pocos y tal vez quisieras agregarte al grupo de amigos que la despedirán, solo di que eres un amigo de la preparatoria. Aunque no lo creas a ella la rodeaba un entorno muy  religioso. Su esposo no quisiera enterarse de nada nuevo ¿me oíste bien? Cuídate.

         ─ Descuida…gracias por avisar.

Por un momento pensé en algunas cosas que dijo este chico, y el solo hecho de considerar que sus más íntimos desconocían una parte oscura de su vida privada era un tema; tal vez lo sepan algún día pero no por mí. En lo que respecta a esta mala noticia, me había desconectado por completo de todo lo que había sucedido últimamente, nada de periódicos ni televisión, por eso estaba desinformado. Esta mañana la había proyectado sin querer como una tregua a mí mismo, ya que hace un tiempo estoy sin empleo y mis ahorros se han esfumado. Pero seguramente las cosas cambiaran, ya que en unos días entraré a trabajar en una compañía importante, pero esto no quita que hoy para mí, sea un domingo triste. Un trago no viene mal en estos casos. En la ciudad, la gente tiene una visión acelerada de la vida y yo estoy analizando el porqué de muchas cosas.... quisiera borrarla de mi mente pero como un estigma me queda esta impronta ¿Quién lo hizo? ¿Por qué?... 

         Al día siguiente cuando llegué al Evergreen Cementery, la despedida de sus restos estaba en las últimas instancias, porque ya la habían sepultado y pensé “No fue una buena idea que haya venido”. Hacia frio y el pastor de la iglesia  a la que ella asistía; daba las últimas palabras. Fue otro momento de un brotar de lágrimas que siguieron en mi narrativa visual y noté  que muchos daban sus condolencias a un sujeto, tal vez era su esposo. Lloraba sin consuelo el pobre infeliz. Hace tiempo que no veía a un hombre quebrarse de esa manera, lo tuvieron que ayudar a levantarse porque estaba de rodillas, estrujando el césped. Sinceramente me conmovió y por eso, cruzado de brazos miré hacia los alrededores buscando escabullirme de la escena, luego volví a mirarlo, no me sentí bien pero lo expresé en una mueca facial de un pesar leve quitándome el anteojo de vidrios oscuros para limpiarlo, algo que no era necesario. Yo estaba en una distancia prudencial, creo que no me veían, por eso cuando esto parecía un acercamiento aun más familiar decidí marcharme sin que se notara mi presencia. Mi regreso al pórtico de la entrada principal del cementerio fue tan torpe que equivoqué el rumbo. Fue entonces que llegue a un sitio un tanto más alejado, en medio de un laberinto de epitafios y tumbas  algo me detuvo…una voz estridente…“¡Hey!…”

Cuando giré a un lado, pude ver que era el cuidador del cementerio. Un hombre canoso, de barba incipiente. Lleva un tipo de ropa de trabajo muy envejecida y en su pecho una identificación “Karl Fischer, jardinero”.  Sus ojos no se definen bien desde donde yo estoy. Su mano sujeta una escoba de esas que se usan para juntar las hojas de los arboles.

       ─ ¿Qué estas haciendo aquí?─Me preguntó sin alzar la voz pero con autoridad. Lo mire extrañado, era muy obvio decirle que vine al entierro de alguien.

           ─ ¿Por qué lo dice? Solo estoy dirigiéndome a la salida.

       El hombre no pestañeó en ningún momento, luego giró la cabeza y con su mentón hizo un movimiento rápido de abajo hacia arriba señalando un lugar.

        ─  Por allí… entierran a los que han muerto. El sitio en donde estas parado es para los que van a morir…De hecho esa lapida a la izquierda lleva tu nombre y espera una fecha.       

Era verdad mi nombre estaba tallado en el granito. Dos segundos  para leer y el sujeto ya no estaba; había desaparecido se lo había tragado la tierra, literal.

Capitulo 2 libro ETERNO AMANECER

Autor: David Fernandez-Amazon

 

  

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