“¡Profesor!... ¡Profesor Dominic Verhoeven!... ¡aquí! junto a la escalera, perdón, recuerde
que mañana martes comienza la licencia que pidió hace una semana y ya tenemos quien lo reemplazara en su
cátedra, el profesor Harm Koet, solo
llámelo para que el pueda organizarse
¡gracias y hasta pronto!” Una
de las secretarias me sorprendió antes de abrir la puerta hacia el
estacionamiento. Había olvidado lo de la licencia, pero ¿Koet? ¿Habiendo tantos
llamaron a Koet? Es un tipo muy soberbio y creo que nunca llegaré a digerirlo, además…es licenciado en historia
¿podrá acaso interpretar la filosofía sin contaminar mi cátedra? Ya me parece
escuchar que me están llamando antes de tiempo para salvar su buen nombre.
Había pedido unos días a raíz de las complicaciones en la salud de mi abuelo y
en mitad de semana ya lo había olvidado. Primero pasare por mi apartamento en
la ciudad a recoger algunas cosas. Por cierto me acaba de llegar un mensaje en
el teléfono.
¡BIP!:“Dominic, tu abuelo quiere hablar contigo, no
sé porque motivo pero acércate a casa cuando puedas”
Por un
momento, el mundo virtual de Internet
nos atrapa en la mentira más
grande que hayamos creído y sin que nadie nos obligue a ello, de acreditar a un
agente transmisor, el casi tangible espectro de un rostro conocido. Por eso será que miro a mi ciudad con un
cierto aire de sospecha. Porque ha cambiado desde la médula y ya no es fiel a sus raíces ¿Por qué no hay
temor a lo inesperado en las miradas?… ¿No fue así como nos sometieron en el
pasado? ¿Qué día es hoy? ¿Lunes? Las voces susurrantes de aquellos rebeldes a
la muerte siguen oyéndose en las solitarias calles de Amsterdam como espíritus
errantes y seguramente así como luce
hoy, no la reconocerían. Sobrevivientes a un tiempo en que la guerra desato “el
invierno holandés del hambre” una estúpida frase honorifica, pero ¿para que
sirvió? Para un antecedente que aporto a la ciencia la Epigenetica, un mal en
el ADN que será como un eslabón perpetuo. Fuimos los conejillos de indias. Pero
ya hemos perdido esa humillante
dignidad, hoy somos la ciudad del pecado, la del turismo sexual y de las drogas
legales, la de vida nocturna y el libertinaje. Aquí nadie te conoce, por 50 euros en 15 minutos, el sacerdote con ropa informal entra a una cabina, y una prostituta lo hará feliz diciéndole que estuvo fabuloso. Mañana dará misa, luego de confesarse por supuesto. Es que solo fuimos capaces de invadir
el mar, al enfrentarlo y plantar un maldito molino de viento por aquí y otro por
allá, eso fue todo y nada más. En la ciudad las abundantes paredes contaminadas
con grafiti, leyendas de una tipografía inentendible, arte urbano le dicen,
¿eso es arte? (pienso)…”Así dicen” (diría mi madre)
¡Fíjate por donde caminas idiota! ─ Un automóvil salía del estacionamiento y no lo vi. ¡Lo siento! ¡Discúlpame!, caramba, este sujeto casi termina por embestirme y encima me insulta ¿Es así como seguimos escribiendo la otra parte de nuestra historia? ¿A los tumbos y sin la inmerecida misericordia de quienes murieron por salvarnos que nadie tomó como ejemplo? La guerra es dura aun después de la guerra. No sé porque pienso lo que estoy pensando, hasta me atrevo a diseñar la próxima secuencia que supongo que puede pasar antes de que suceda...esto de cruzar una calle tomando todos los recaudos y aun así, casi me atropellan, me lo merezco por estar haciendo filosofía en mi tiempo libre. Reflexionando como lo hace mi abuelo, él suele pensar sobre lo relativo de la vida y dialoga consigo mismo. Todo a raíz de un mensaje de texto en mi teléfono. Todos los días hago el mismo circuito para regresar a casa. Voy a estacionarme y buscaré un lugar de comidas rápidas. Mi abuelo, está un tanto delicado, creo que el ya venía sufriendo alguna enfermedad y nunca la dio a conocer. Un día todo fue diferente y se desplomó como un Goliat. Es un hombre grande en su contextura física y cayó pesadamente. En tiempos de la segunda guerra mundial, el, había sido parte de aquellos niños que estuvieron en Westerbork. Un campo de transito para los deportados judíos, gitanos y miembros de la resistencia a 15 kilómetros de la aldea del mismo nombre en el sector noreste de los Países Bajos, en la provincia holandesa de Drenthe. El último tren que partió de Westerbork hacia el campo de exterminio en Auschwitz, lo hizo el 3 de septiembre de 1944.
Fragmento libro: LOS MUROS DE AMSTERDAM
Autor: David Fernandez-Copyright

No hay comentarios:
Publicar un comentario